Ciega a Citas

Quedan 58 días para encontrar a un novio normal

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Tócala de nuevo, Sam

May 17th, 2008 · 148 Comments

CONTESTADOR
Hola, te comunicaste con Rodrigo. Por favor, dejá tu mensaje
después de la señal.

LG
Soy yo, tarde o temprano me vas a tener que atender.

CONTESTADOR
Hola, te comunicaste con Rodrigo. Por favor, dejá tu mensaje
después de la señal.

LG
Sé que levantaste los mensajes. Te conozco y los levantás cada tres
minutos. Atendeme porque voy a ir para tu casa, Rodrigo.

CONTESTADOR
Hola, te comunicaste con Rodrigo. Por favor, dejá tu mensaje
después de la señal.

LG
Es el último aviso. Si no me atendés voy para tu casa.

CONTESTADOR
Hola, te comunicaste con Rodrigo. Por favor, dejá tu mensaje
después de la señal.

LG

(Burlona)
De todas las mujeres que hay en el mundo ¿Tenías que elegirla a ella?

→ 148 CommentsTags: Rodrigo, mi ex

¿Cómo es que se llama?

May 15th, 2008 · 273 Comments

Más allá de mis obsesiones recurrentes o de mi lacónica relación con José, últimamente mi vida venía muy tranquila. Trabajar, tener sexo, envidiar, sentir pena. En fin, lo de siempre.

Hasta ayer.

A las nueve de la noche me sonó el teléfono de casa. Pensé que era José, pero cuando atendí me llevé flor de sorpresa. Era Rodrigo, mi ex. Nos hicimos las preguntas de rigor, me contó que cambió el auto, le pregunté por la madre, me hizo chistes horribles sobre mis plantas secas y mi incapacidad para la cocina y lo mandé a cagar unas cuantas veces . En fin, lo de siempre.

Hasta la mitad de la conversación.

RODRIGO
Che, viene el casamiento de Irina.

LG
¿Qué? ¿Vos vas?

RODRIGO
Y sí, soy casi de la familia.

LG
Ah, no sabía. No lo había pensado.

RODRIGO
¿Vamos juntos?

LG
¿Qué? ¿Vos y yo? No.

RODRIGO
Pero para que no vayas sola.

LG
¿Qué? ¿Y quién te dijo a vos que yo iba a ir sola?

RODRIGO
Ah, nadie me dijo nada. Yo pensé por lo del pibe de la fiesta..
¿Ezequiel era? En Enero… ¿No es ese, no?

LG
Matías. ¿Por qué asumís que voy a ir sola?
¿Por qué ni siquiera preguntaste si iba con alguien?

RODRIGO
Uh, no empecés, no seas histérica.

LG
Andate a la mierda. Y para que sepas, voy con mi novio.

RODRIGO
Epa epa. ¿Y a éste de dónde lo sacaste?

LG
¿Eh? ¿De dónde lo saqué? Ah no…

Y le corté el teléfono. No podía entender por qué Rodrigo había dicho Ezequiel en vez de Matías si yo no volví a hablar con él. Me pareció rarísimo.

Hasta un rato más tarde.

A las nueve y media, el teléfono volvió a sonar varias veces. Pero no lo atendí. Lo último que me faltaba, soportar a este infeliz diciéndome solapadamente que soy incapaz de salir con alguien que no sea él. Pero al rato la curiosidad me ganó y escuché los mensajes. Eran tres. Y ninguno era de Rodrigo. Eran todos de mi madre, quien de repente, estaba ansiosa por hablar conmigo.

Al principio seguí con lo mío sin prestarle demasiada atención, pero siguió llamando con tanta insistencia, que tuve que atender.

MADRE
¿Qué hacías?

LG
Nada, mamá. ¿Pasa algo?

MADRE
No, nada. ¿Qué? ¿No te puedo llamar si no pasa algo?
¿Desde cuándo? ¡Quería saber como estabas, che!

LG
Bueno, estoy bien.

MADRE
¿Novedades?

LG
Ninguna.

MADRE
¿Ninguna? ¿Nada de trabajo, de… cosas de la casa… de, que se yo, novios?

Y cuando le iba a contestar, sentí una puntadita en el estómago.

LG
¿A qué viene esa pregunta? No, ninguna novedad.

MADRE
¿Segura?

LG
Me tengo que ir.

Y corté. Pero no colgué el tubo. Volví a marcar. Pero otro número.

→ 273 CommentsTags: Mi madre · Rodrigo, mi ex

Oídos sordos

May 15th, 2008 · 155 Comments

Ayer a la noche, después de ir a jugar al bowling, José se quedó a dormir en casa y tuve el sueño más extraño del mundo. Yo me despertaba de repente, muy angustiada, a punto de llorar, y lo llamaba tocándole el hombro para que se levante. Pero José no me daba bola y seguía durmiendo. Entonces yo lo destapaba y descubría por qué no oía nada: tenía un gorro de lana colla con orejeras y pompón.

Entonces yo le corría las orejeras para hablarle. Pero cuando me oía y se incorporaba ya no era José. Era Marcelo.

→ 155 CommentsTags: José palo y a la bolsa · Marcelo Ugly

Un outlet y una boutique

May 13th, 2008 · 191 Comments

Como vivo tratando de hacer dieta, hoy me llevé una ensalada a la oficina. Adentro de un taper di vuelta una bandejita de comprada de repollo, zanahoria y radicheta (de esas que parecen viruta) le agregué un tomate medio verde, un huevo mal pelado y el pollo que le arranqué a una pata al spiedo que descansaba, holgazana, desde el fin de semana en mi heladera.

Al mediodía me compré un agua saborizada y me fui al comedor a degustar mi porquería con absoluta convicción de que ese acto heróico ya me hacía más flaca. La condimenté, la revolví y la probé: además de lucir horrible, sabía fatal. Como comerse el papel picado de una piñata.

Pero lo verdaderamente malo vino después. Marcelo se me sentó al lado, abrió su taper, y se me cayó el alma al piso.

¡Si alguien supiera lo que transpiré! ¡Cuánto recé para que la tierra se tragara mi mugrienta ensalada! ¡Pero nadie sabrá lo que sentí! Sólo él y su novia, quien le prepara el almuerzo para llevarse a la oficina cuando se queda a dormir.

Si el táper de Marcelo y el mío hubieran sido fotografías, la mía hubiese ilustrado una crónica sobre malversación de fondos en los comedores escolares de la provincia y la de Marcelo hubiera sido la tapa de una revista gourmet. Si hubieran sido negocios, el mío hubiera sido “El ofertón” de Virreyes (un galpón con pilas de zapatillas falladas), y el suyo una boutique de Barrio Parque (que exhibía cada par de zapatos sobre un almohadón de seda).

Su almuerzo era el de una mujer prolija, dedicada y amorosa. La declaración de amor de una esposa perfecta: unos sanguchitos mínimos en triángulos de pan lactal sin borde que parecían robados de una mesa de té victoriana, un alfajor miniatura artesanal, un pack de juguito, un tapercito chiquito con una ensalada de papas (¡Y nada de papas rotas! ¡Parecían bloquecitos de madera para jugar!) y dos bombones en papel metalizado arriba de una servilleta verde doblada en ocho. Hasta tenía un cuchillo y tenedor de plástico. ¡Como si los necesitara!

Les juro que no sabía como hacer para tapar mi ensalada. Me daba la impresión de estar toda sucia, despeinada y en ojotas al lado de una madre perfecta con sus dos hijos rubios, sufriendo porque me iban a ver las raíces sin teñir.

¿Mi solución? Comerme la ensalada en tres minutos e irme corriendo. ¿Mi sensación? Lisa y llana envidia. ¿Mi moraleja? Ninguna. Solo diré que más tarde José vino a mi escritorio, abrió una caja de chicles y se los tiró todos en la garganta. Ni siquiera amagó a convidarme.

Y así estamos.

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Paso doble

May 12th, 2008 · 190 Comments

Hoy, cuando llegué a la oficina, Marcelo estaba contando que se había ido con Marina a pasar un fin de semana al Tigre. Que la habían pasado espléndidamente bien; que hicieron asado, durmieron la siesta, caminaron, se metieron al agua helada, mataron mosquitos y otras delicias de la vida campestre. Parecía feliz. Mostró las fotos de su cabaña cargosa hasta que se le pusieron los dedos violetas de apretar el botón de la cámara. Yo no las quise ver. ¿Para qué? ¿Para comparar su epopeya romántica con mi crónica de solterona? Paso.

Como si fuera poco, al mediodía José vino a sentarse a mi escritorio y a hablarme de bueyes perdidos como si nada hubiera pasado. Increíble. El caradura se esfuma todo el fin de semana y ni siquiera viene con el rabo entre las patas a pedir perdón. Me hice la enojada, por supuesto, aunque en el fondo estaba contenta por haber pantufleado y mirado televisión berreta sin lavarme el pelo ni sacarme la remera de pinturerías Prestigio para dormir. ¿Hacerle un escándalo? ¿Para qué? Paso.

¿Su excusa? Que salió con amigos el viernes, tomó frío, bebió de más y se la pasó todo el fin de semana en cama. ¿Mi sospecha? Que después de decirme que iba a ir conmigo al casamiento de mi hermana se sintió atado con una correa y salió a tomar aire como esos hombres de traje que se aflojan la corbata para respirar. ¿Pero se lo iba a decir? ¿Para qué? ¿Para probarle que no soy boluda? Paso.

No le hice una escena de celos por razones obvias. Primero, porque no me interesa, pero segundo, porque lo necesito para la boda. Lo único que me falta es pelearme porque no quiso pasar conmigo un fin de semana que yo ya no quería pasar con él. Entonces tendría que ir sola y soportar a mí mamá. ¿Y saben qué? Paso también.

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No hay Matías que dure 100 años

May 12th, 2008 · 134 Comments

Hoy tuve una revelación. Una revelación que quizás sea obvia e insignificante para los demás, pero que para mí fue una suerte de epifanía.

La relación con Matías fue una calle cortada desde el primer día. Era el mejor y el peor candidato al mismo tiempo. Es decir, el que más me gustaba y congeniaba conmigo, pero un desastre para mi proyecto. No me iba a durar nueve meses ni secuestrándolo y rompiéndole las piernas.

José, en cambio, es todo lo opuesto. Es el acompañante ideal para llevar a una fiesta (porque es fácil, accesible, dócil) pero nunca va a ser más que eso. Compañía.

Esta semana José y yo nos pusimos de novios espontáneamente. Eso quiere decir que se acabó el asiento trasero del auto para mí. Que ya no voy a tener que ir sola a las cenas de parejas. Que voy a poder eludir de manera elegante los interrogatorios de alguna tía indiscreta o de las amigas de mis amigas. Que cuando alguien me pregunte si tengo novio por fin podré señalar la mesa de postres y decir que es ése, el grandote de traje azul que se está comiendo la isla flotante directamente de la fuente.

De alguna forma gané la apuesta. Tengo un novio normal. ¡Un novio normal! ¡Un novio de esos que alquilan películas en el videoclub los domingos a la tarde! ¡Uno de esos que miran fútbol en tu sillón mientras vos hablás por teléfono con una amiga y le pedís que baje el volumen por enésima vez! Un novio que te agarra la mano para cruzar la calle, que te lleva las bolsas del supermercado, que te acaricia el pelo cuando estás enferma o que se pelea con el vecino que te roba el diario por las mañanas. Un novio en serio. Y sin embargo, no siento nada. Estoy igual que ayer. Tan solterona como siempre.

Por otro lado, la novedad no tiene que ver con José, sino con Matías. Porque por fin estoy vacía. Soy una hoja en blanco. Una memoria limpita, reciclada, hecha casi a nuevo. El recuerdo de Matías se desvanece como la imagen un videocasete con la cinta gastada. Ya casi no pienso en él. Ya casi nunca comparo. Ya casi nunca me imagino qué hubiera pasado si yo no hubiera abierto esa puerta.

No pasaron cien años. Ni siquiera cien días. Pero casi casi que me olvido de él para siempre. Estoy ahí, empezando.

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Home Alone

May 10th, 2008 · 226 Comments

Hoy hice tres llamados. El primero fue a mi hermana, para avisarle que podía elegir lo que quisiera: salmón, flores importadas, un cisne esculpido en hielo, papas noisette en forma de corazón. Pero que por el bien de las dos, tome el recaudo de contarle a mi mamá lo encantador es el chico con el que estoy saliendo (y que después me cuente qué le dijo, por supuesto). Ella dice que deberíamos organizar algo para que se conozcan, pero a mí me parece que es demasiada presión. José apenas aceptó acompañarme a un casamiento, en carácter solidario y no de festejo emotivo. ¿Qué dirá si lo obligo a ir a cenar a lo de mi mamá? ¡Estamos hablando de mi mamá, que no es una señora amable que hornea pasteles! ¡Es una vieja bruja sin modales!

Ya me la imagino:

MADRE
Ay querido, qué brazotes, pareces un pulpo. Lulú, querida ¿No te da miedo
dormir con este chico y que te aplaste? (pellizcandole un brazo) Qué grandote.

El segundo fue a José, porque son las seis de la tarde y no me llamó, y es raro, porque los sábados siempre nos vemos.

Por otro lado, si puedo ser sincera, no insistí demasiado. Lo llamé una vez más y le dejé un mensaje. No tengo muchas ganas de verlo. Siento el deber social de verlo, en todo caso. Es decir: me parece que deberíamos vernos. Me siento patética sentada en casa aunque las ganas de hacerlo me carcoman por dentro como una invasión de termitas. Marcelo seguro está con su novia, por ejemplo, pero yo preferiría quedarme en pantuflas, mirando la tele, buscando pavadas en internet y comiendo alguna porquería.

Se que suena terrible. Pero yo lo necesito. ¿Vieron que los muebles necesitan tener la base sin pintar o barnizar para que la madera respire? ¿O que las cocinas necesitan ventilación? ¿O piedritas debajo de la tierra de las macetas para drenar mejor el agua? Bueno, hacer nada en pantuflas para mí es algo parecido. Son los agujeritos de la caja para respirar.

Lo que no tengo muy claro es si lo necesito porque es José, o lo hubiese necesitado con cualquiera. O mejor dicho: ¿Cualquier relación buena necesita ese aire o necesito el aire porque mi relación no es buena? Es un misterio.

→ 226 CommentsTags: Irina mi hermana · José palo y a la bolsa · Mi madre

Bienvenido a Costa Rica

May 9th, 2008 · 255 Comments

Es probable que estos últimos días haya estado tan pendiente de Marcelo y Marina para no enfrentar mi apocalíptica situación de solterona amenazada. Quiero decir, hace rato que debería haberle preguntado a José si va a venir al casamiento conmigo, pero por temor a consultarlo demasiado pronto y que se espante, no lo hice. El problema es que me quedan menos de dos meses, y si no le pregunto ya, no voy a tener tiempo de conocer a otra persona.

Esperé que viniera solo a mi escritorio, como todos los días (ya es una suerte de ritual, se sienta encima, juega con mi lapicero, me revuelve el pelo, me dice alguna guarangada y hablamos de cuándo nos vamos a ver) para que la pregunta tenga un aire casual. Pero la verdad es que estuve medio torpe.

LG
Che… Yo sé que es medio raro que te pregunte esto ahora,
pero necesito confirmar ya… Yo sé cuántas veces dijiste que odiabas
los casamientos.. No, no te asustes, no me quiero casar. Pero mi
hermana sí. No pongas esa cara, por favor. Mi familia quiere saber
si me manda dos tarjetas o una.

JOSE
(Con expresión de dolor de huevos)
Y vos querés que te mande dos…

LG
Si, en realidad los casamientos son feos, pero si vas sola son horribles.

JOSE
Son horribles acompañado o solo. El carnaval carioca es
igual de carioca si vas con alguien, lentejita.

LG
Ya sé. Pero mirá el lado bueno, podés comerte una isla
flotante vos solo, con cucharón.

JOSE
Seh. Y encima es tu hermana, así que tenés que ir…

LG
Sí, si tu solución era que yo falte, era bastante mala.

JOSE
Y bueno… Pero mirá que yo no bailo. Yo sé como son las minas,
te dicen todo que sí y después te dicen (imitándome la voz) “un
tema, un tema, un tema” delante de viejas que te miran con
recelo si le decís que no. No me hagás eso porque me voy.

LG
Te prometo.

JOSE
Y no me hagas la novia controladora de postres. Si me quiero
comer doce tortas, me las como. No empecés con
“te vas a morir, ya te comiste ocho, pará”

LG
Creeme, si hay alguien que no te va a decir que comas un sólo postre, soy yo.

→ 255 CommentsTags: José palo y a la bolsa

Pobreza en Costa Rica

May 8th, 2008 · 220 Comments

Hoy a la mañana me despertó un llamado de mi hermana al celular.

IRINA
Hola, soy yo, Iri. Estoy en el florista. Mamá y yo queremos poner
unos centros de mesa que tienen unas flores de Costa Rica, tropicales,
divinas, que nunca nunca nunca se vieron, Lulú.
Yo nunca las vi en ninguna revista.

LG
¿Qué?

IRINA
Y queríamos saber a vos qué te parecía…

LG
¡Pero si ni las vi! Además estoy dormida, ayer tuve una
noche terrible, Iri, no puedo pensar, me caigo de sueño.

IRINA
¡Pero tengo que decidir ya! Las de Costa Rica o unos lilium
tranquilitos… blancos y violeta… linditos… baratitos.

LG
¿Iri, vos me estás preguntando si vas a poder gastar
en las de Costa Rica?

IRINA
(Bajando la voz)
Sí, mamá está fuera de control, agarra las flores y grita “Esto es
una locuuuuura, qué divino, tenemos que tenerlas” y yo las quiero,
pero solo… si ella las va a pagar. ¿Quién las va a pagar?

LG
¡No sé!

IRINA
¡Preguntá! ¡No podemos seguir esperando! Si hago una fiesta barata
y mamá paga esa fiestita que para ella no es nada, vos también te vas a
querer morir ¿Sabés? ¡Qué pague las de Costa Rica! ¡Además yo no
sé si voy a seguir trabajando después! Tenés que preguntar hoy…

LG
Ya sé, pero nunca se da. El otro día dijo que odiaba los casamientos.

IRINA
¡Y eso qué, vos también los odiás y vas a venir igual! ¿O no?

→ 220 CommentsTags: Irina mi hermana · Mi madre

Afortunado en el juego

May 8th, 2008 · 110 Comments

Hoy estaba tan fastidiada con los reyes del edulcorante, que en vez de huir del bowling más temprano, me quedé al final sólo para ganarles. Quería destruirlos y burlarme hasta la madrugada de su derrota. Quería hacerlos perder por doscientos puntos y luego hablar de eso en la oficina hasta el miércoles que viene.

Pero no pudo ser. Primero, porque les ganamos por trece puntos y nada más. Y segundo porque mientras perdían se mataban de risa ¡La pasaron mejor que nunca los desgraciados! ¡Como si yo les hubiera animado la fiestita!

Después del bowling, vine para mi casa con José, pedimos algo para comer por teléfono, tuvimos sexo, pero no se quiso quedar a dormir. Se fue hace un rato, medio apurado, medio atontado de cansancio. Le pregunté por qué se iba y me dijo que quería dormir en su cama, que siempre íbamos corriendo a la oficina, que no tenía ropa, que estábamos muy lejos. ¡Pero yo sé que es porque la última vez volví de malhumor! ¡O quería castigarme por histérica o tenía miedo de soportar mis quejas otra vez!

Lo bien que hizo. Son las dos y media de la mañana y estoy furiosa. Al final, el cierto el refrán. Habré sacado trece puntos de más, pero es lo único que tengo.

→ 110 CommentsTags: José palo y a la bolsa · Marcelo Ugly